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CLIMATOLOGÍA |
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El clima lo definió Hann en 1958 como el conjunto de fenómenos meteorológicos que caracterizan el estado medio de la atmósfera en una zona determinada de la superficie de la Tierra. Se considera suficiente un registro de las variables meteorológicas, fundamentalmente temperatura, presión y humedad, durante un periodo de 90 años. Un clima se define por la temperatura del aire, el grado de humedad atmosférica (% vapor de agua), la presión del aire, los vientos, las precipitaciones, la nubosidad, la tasa de insolación, etc.
INFLUENCIA EN EL CLIMA DE LOS MOVIMIENTOS DE LA TIERRA Los dos movimientos principales de la Tierra (rotación y traslación) condicionan en gran medida la cantidad de radiación solar que llega a la Tierra y en consecuencia el clima. Para explicar la insolación terrestre se necesitan tres magnitudes orbitales terrestres, las cuales varian de forma periódica a lo largo del tiempo. Estas son la excentricidad orbital alrededor del Sol, con períodos de 100.000 años, la oblicuidad o inclinación axial de la Tierra en el plano de la eclíptica, con un período de unos 43.000 años y la precesión de los equinoccios, con períodos de 26.000 años. Las variaciones en estos parámetros conducen principalmente a variaciones en la intensidad del ciclo estacional. La excentricidad origina pequeños cambios en la insolación global anual, mientras que la oblicuidad y la precesión alteran la distribución de la insolación con la estación del año y la latitud, pero no la insolación total.
Explica la desigual distribución de la energía solar sobre las zonas de La Tierra: un rayo solar de igual amplitud incide en una superficie mayor en los polos que en ecuador, pero con menos ángulo. Este hecho permite distinguir en La Tierra zonas climáticas distintas en función de la latitud:
Permite situar las zonas climáticas entre los paralelos fundamentales, distinguiéndose 5 zonas:
Permite explicar las variaciones en la duración del día y de la noche a lo largo del año durante las distintas estaciones. Al estar girado el eje de rotación y al describir su traslación alrededor del Sol, La Tierra ocupa 4 posiciones que definen las estaciones. El movimiento de rotación produce la alternancia del día y la noche cada 24 horas, pero su duración está directamente relacionada con el movimiento de traslación, ya que al no coincidir el plano del ecuador con el de traslación alrededor del Sol (eclíptica), durante la mitad del año un hemisferio queda iluminado más eficazmente que otro y la parte de cada hemisferio que queda iluminada por el Sol es de diferente magnitud entre ambos y a lo largo del año. Consecuencia de esto es la aparición de estaciones climáticas y la distinta duración de los días y las noches a lo largo del año, según las diferentes latitudes.
Las estaciones están invertidas en los dos hemisferios. Hay un factor adicional que modifica el ciclo estacional: la órbita terrestre es una elipse, no una circunferencia (excentricidad). El ángulo que forma el plano ecuatorial terrestre con la eclíptica, que es una elipse, es de 23° 27`. La distancia de La Tierra al Sol varía pues con la época del año. Actualmente en el hemisferio norte, en enero, La Tierra está en la posición más próxima al Sol (perihelio) y en julio en la más lejana (afelio). Este efecto proporciona al hemisferio norte inviernos más templados y veranos más frescos que los que tendría si la órbita fuese circular. La línea que corresponde al eje menor de la elipse se llama línea de los equinoccios y la Tierra la cruza los días 20/21 de marzo (equinoccio de primavera) y 23/24 de septiembre (equinoccio de otoño). En ellos, la luz del Sol llega perpendicularmente al ecuador y el círculo de iluminación del Sol coincide con los meridianos, por lo que el tiempo de duración del día coincide con el de la noche (12 horas). La línea que corresponde al eje mayor de la elipse se llama línea de los solsticios y La Tierra la cruza los días 21/22 de junio y 21/22 de diciembre (en el hemisferio norte se denomina solsticio de verano y solsticio de invierno, respectivamente y en el hemisferio sur al revés). En el solsticio de verano, la luz incide perpendicularmente a los 23° 27` N, con lo que en este hemisferio la duración del día es mucho mayor que la de la noche y se recibe mayor cantidad de energía. Seis meses después, en el solsticio de invierno, la luz incide perpendicularmente a los 23° 27` S y en consecuencia, en el hemisferio norte la noche es mucho más larga que el día, lo que unido a una incidencia de luz muy oblicua en este hemisferio, hace que la energía que llegue sea muy baja. Las variaciones de iluminación y aporte de energía solar a lo largo del año son pequeñas entre los Trópicos, pero progresivamente mayores en latitudes más elevadas, hasta el caso extremo de los polos, en que el día y la noche duran 6 meses cada uno. Este fenómeno origina una diferenciación climática entre las distintas zonas de la Tierra condicionada por la zonación climática que existe entre los polos y el ecuador.
FACTORES QUE CONDICIONAN EL CLIMA Las variables que definen el clima están principalmente controladas por una serie de factores de tipo geográfico, entre los que destacan:
Debido al carácter estacional del clima se produce un desplazamiento de estos fenómenos con la latitud a lo largo del año (por ejemplo, la distinta altitud de la zona de fusión entre verano e invierno en un glaciar de valle), así como de los cinturones de altas y bajas presiones y de las zonas secas y húmedas. Existen una serie de relaciones entre estos factores. A latitudes bajas pero altitudes altas, se originan microclimas parecidos a los existentes en latitudes altas, como ocurre en Sierra Nevada y en las partes altas de la Sierra de Segura. Otra relación se da entre latitud y continentalidad, en Groenlandia no correspondería que el agua estuviera en forma sólida, considerándose a ésta como hielo fósil, esto es debido a los grandes volúmenes de agua implicados así como al elevado calor específico del agua, ya que la cantidad de calorías necesarias para fundir y mantener así este hielo sería muy superior al de otras latitudes.
ZONACIÓN CLIMÁTICA LATITUDINAL. TIPOS DE CLIMAS La desigual repartición de la energía solar en distintas latitudes, junto con la rotación de la Tierra, provoca la distribución latitudinal de zonas de altas y bajas presiones con la consiguiente formación de climas distintos. El modelo general de circulación atmosférica permite predecir la existencia de bandas climáticas alternativamente lluviosas y secas a partir del ecuador, según los flujos de aire sean ascendentes o descendentes, Sin embargo, establecer categorías climáticas claramente definidas y distribuir las regiones en función de ellas, supone generalizar y simplificar mucho la situación real y presenta serías dificultades. Es muy difícil que en las unidades climáticas se tengan en cuenta todos los factores atmosféricos que influyen. Dentro de una zona no demasiado extensa pueden existir variaciones climáticas muy locales y los límites de las regiones climáticas no están claramente definidos, sino que existe una transición gradual. La clasificación climática latitudinal está basada en masas de aire y sistemas frontales y utiliza los conceptos de regímenes térmicos y tipos pluviométricos, pero los explica considerando la actuación de las masas de aire. Este utiliza toda la información climática global y está basado en la localización de las distintas regiones manantiales de masas de aire, así como la naturaleza y movimiento de éstas, los frentes y las borrascas. Se diferencian en función de la latitud 3 grupos climáticos y dentro de cada uno de éstos hay diferentes tipos climáticos o climas.
En estas latitudes se sitúa uno de los cinturones de altas presiones que resultan de la circulación general de la atmósfera y cuya manifestación es la existencia de grandes y potentes anticiclones permanentes en los océanos de dichas latitudes y de los cuales, el anticiclón de las Azores es el que se sitúa sobre el Atlántico, al suroeste de la Península Ibérica. En términos de precipitación anual, este clima abarca un amplio abanico que puede oscilar desde el árido hasta el húmedo, dependiendo de su situación. El poseer veranos marcadamente secos e inviernos húmedos es una característica excepcional que da lugar al bosque mediterráneo o esclerofilo, con una vegetación muy característica. El macizo del que forma parte la SIERRA DE SEGURA es una verdadera “isla lluviosa” en el contexto de las áreas geográficas que lo rodean. Esto se debe a su elevada altitud media y a la disposición general de sus lineas montañosas, en dirección NE-SO. El aire húmedo, proveniente tanto del Atlántico como del Mediterráneo, choca casi perpendicularmente contra el macizo montañoso, condensándose en vapor de agua y descargando en forma de lluvia o nieve, con una precipitación que oscila entre los 600 y los 1300 mm/año. Naturalmente, no en toda la comarca se da la misma cantidad de precipitaciones, sino que crecen según aumenta la altitud, y tambien varían, aunque en menor medida, según la orientación de las vertientes montañosas con respecto al sol o a los vientos. Como es propio del clima mediterráneo, la Sierra de Segura sufre una fuerte sequía durante el verano, por lo que la vegetación se ve limitada a aquellas especies capaces de soportarla. Sin embargo, las precipitaciones suelen ser abundantes durante el otoño y el invierno, siendo con frecuencia de nieve durante esta última estación en las zonas más altas. Durante la primavera y especialmente al final del verano, la lluvia descarga a veces con carácter tormentoso y gran violencia, lo que puede provocar peligrosas crecidas de los ríos. Al revés de lo que ocurre con la lluvia y la nieve, las temperaturas disminuyen según aumenta la altitud, salvo en lugares muy encajonados o en valles entre montañas, donde suelen producirse fenómenos de inversión térmica. La temperatura disminuye unos 0’6 ºC cada 100 m de elevación, por lo que al ser tan accidentado el relieve serrano, se dan grandes contrastes en poca distancia. Así, en las zonas más occcidentales y menos montañosas de la comarca, como son los términos de Puente de Génave, Beas de Segura, Arroyo del Ojanco y La Puerta de Segura, son más cálidos los veranos y más suaves los inviernos que en las zonas más altas, donde los veranos no son muy calurosos pero los inviernos son muy fríos. Los vientos de la Sierra de Segura son en general suaves, salvo en las altas cumbres. En términos populares serranos, se distinguen el cierzo (frío, del norte), el levante o solano (cálido, del sureste), el morisco o granaíno (del sur, que suele traer lluvia), el ábrego (del oeste), y el manchego (del noroeste, frecuentemente acompañado de temporal).
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