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PATRIMONIO
HISTÓRICO-ARTÍSTICO DE LA SIERRA DE SEGURA
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PALEOLÍTICO Y NEOLÍTICO
PINTURAS RUPESTRES DE LAS CUEVAS -Abrigo de Río Frío y Abrigo del Engarbo I y II- Las pinturas rupestres Levantinas del río Zumeta, en el municipio de Santiago Pontones, se encuentran repartidas a lo largo de todo su cauce en numerosos abrigos rocosos formados en las vertientes encajadas del río. Destacan figuras rojas de cérvidos y cápridos, fauna zoomorfa y figuras humanas. Por la localización de los abrigos, orientados hacia el Levante, se puede establecer una clara influencia del sol como elemento de carácter mágico o divino y decisivo para la localización de las representaciones pictóricas, así como una clara relación entre estas pinturas y los yacimientos arqueológicos de las inmediaciones, cuyos habitantes serían los autores de las mismas, corroborando las conclusiones de estudios sobre el Neolítico en la zona que destacan la tardía entrada y desarrollo de esta etapa y por tanto el retraso de la adopción generalizada de prácticas agrícolas, pastoriles y en definitiva, la sedentarización de los grupos humanos.
ÍBEROS, CARTAGINESES Y ROMANOS
En el año 237 a.C., los cartagineses ocupan estas zonas al mando de su general Amílcar, imponiendo su hegemonía entre los bastetanos, a los que pertenecía la zona de Segura, restaurando y protegiendo los caminos que corrían a lo largo de las riberas de los ríos Guadalquivir, Segura y Guadalimar. En año 214 a.C. los romanos se enfrentan a los cartagineses en la batalla de Castrum Altum (Segura de la Sierra) y unos años más tarde la Sierra de Segura pasa a ser dominada por los romanos. Augusto sometió la zona de Segura adscribiéndola al partido judicial de la Tarraconense. Para extraer y trasladar mejor los productos de la comarca hacia los puertos del Mediterráneo, los romanos construyeron nuevas calzadas y puentes y renovaron las vías antiguas. Además de la extracción de los recursos minerales, instalaron grandes fincas olivareras y cerealistas en las zonas más fértiles, como Los Baños junto al actual Arroyo del Ojanco, poseían ovejas, vacas y cerdos que aprovechaban los ricos pastos y aprovechaban los recursos del bosque, del que extraían miel de las colmenas, madera y resina de los pinos y otros productos que enviaban a Roma.
Se ha encontrado abundante cerámica ibérica bien conservada, que arroja una cronología de, al menos, el siglo II a.C. Entre los distintos fragmentos de cerámica romana aparecen "térra sigillata aretina" fechada entre el 30 a.C. y el 20 .aC, "sigillata sudgálica" de la segunda mitad del siglo I y del II, "sigillata hispánica" junto con cerámica común romana con una cronología de hasta finales del siglo III de nuestra era.
El yacimiento presenta la existencia de otros horizontes culturales, entre el Calcolítico y el Bronce Antiguo, si bien el más significativo es el correspondiente a la villa romana de época Bajoimperial dedicada a la explotación agropecuaria. El desarrollo de La Villa se inicia en torno a la segunda mitad del siglo I de nuestra era a juzgar por la existencia de algunas cerámicas romanas de tipo "terra sigillata", de origen sudgálico.
También quedan numerosos restos de infraestructura viaria, entre los que destacan puentes y calzadas romanas. El Puente Romano del Río Segura en la aldea de Huelga-Utrera, en el municipio de Santiago-Pontones se componía de un sólo ojo que salvaba el paso sobre el río Segura y podría ser uno de los hitos en la comunicación entre Cástulo y Saetabis. El Puente romano de Puente Mocho, sobre el río Guadalimar, está situado en el límite entre los términos municipales de Beas de Segura y Chiclana de Segura, formado por el citado río. La estructura es de grandes dimensiones distinguiéndose dos cuerpos bien diferenciados. Estrabón ya mencionaba una bifurcación de la Vía Augusta antes de llegar a Cástulo que salvaba el «Saltus Castulonensis» y que puede coincidir con el emplazamiento de Puente Mocho; en cualquier caso, por su posición, Puente Mocho es el centro de un cruce de caminos entre Cástulo, Guadix, Cartagonova por la Sierra de Segura y Saetabis que justificaba la magnitud de la obra.
A 5 Km. de la localidad Génave se conserva un tramo de calzada romana con una longitud aproximada de unos 100 m y una anchura de 3 m en la que la técnica constructiva, los materiales empleados y la homogeneidad de la obra evidencian su autoría romana. Se baraja la hipótesis de que se pueda tratar de La calzada existente entre Cástulo y Saetabis.
LOS VISIGODOS
EL ISLAM Y LA CONQUISTA CRISTIANA No se sabe con exactitud el año en que los árabes entraron en la Sierra de Segura, allá por el siglo VIII. El nombre de Sierra de Segura es utilizado por primera vez en las obras de los geógrafos musulmanes del siglo XI.
Pero hasta finales del siglo XV, son frecuentes las escaramuzas de saqueo por parte de musulmanes. Prueba de ello son muchas de las torres que encontramos hoy en las afueras de los pueblos, usadas por agricultores y ganaderos en caso de que el ataque les cogiera fuera de las murallas de la villa. Con la conquista de Granada por los Reyes Católicos, desaparecen los conflictos fronterizos y los vecinos de la Sierra de Segura asistirán a la repoblación y a la colonización de pueblos y aldeas con un fuerte incremento del aprovechamiento de los recursos primarios, sobre todo en la extracción de madera de sus densos bosques, la ganadería en los pastos de las zonas altas y la agricultura en los fértiles valles.
Algunos autores atribuyen sus orígenes a los fenicios, quienes la llamaron Tavara. Habitada posteriormente por otros pueblos colonizadores como griegos, romanos y cartagineses, es bajo la hegemonía musulmana cuando Segura alcanza su máximo esplendor. Tras una serie de disputas entre los almohades, la villa fue ocupada por los cristianos y donada por Alfonso VIII a la Orden de Santiago. El conjunto que forman el Castillo y la Villa medieval de Segura de la Sierra está declarado Paisaje Pintoresco y Conjunto Histórico-Artístico. Se conservan aún buena parte de las murallas que rodearon la villa, así como sectores de la antigua trama urbana y numerosos edificios medievales y renacentistas. En la cima del cerro que corona la población, se levanta el castillo mudéjar de Segura de la Sierra, cuyo origen se remonta a los siglos XIII al XV. Son asimismo de recomendada visita los baños árabes, reconstruidos en su totalidad, con sus salas fría, templada y caliente; las murallas y puertas de Catena, Góntar, Orcera y Nueva, -existió una quinta puerta, la Herrada, cerca del castillo, desaparecida hoy día-; la Plaza de Toros, de planta rectangular; el Ayuntamiento con su portada renacentista, situado a la derecha de la Puerta Nueva; la Fuente Imperial de Carlos V, con elementos gótigos y renacentistas; la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Collado, reconstruida sobre ruinas románicas y donde se encuentra la Virgen de La Peña; la Iglesia de los Jesuitas, de 1767 y la Casa de Jorge Manrique. El Castillo de Hornos de Segura, fue construido por los caballeros santiaguistas, a finales del siglo XIII y principios del siglo XIV, sobre la primitiva estructura defensiva árabe, en la parte más elevada del núcleo urbano, con la función de vigilar el flanco oriental de la Encomienda de Segura. Consta de un conjunto defensivo con recinto exterior trapezoidal que incorpora una magnífica torre del Homenaje; un aljibe de origen musulmán ubicado en el patio de armas; y articulando la muralla, tres esbeltos torreones de planta cuadrada, levantados por los almohades y reforzados con una capa de mampostería. La muralla se extiende hacia el exterior por el noroeste y por el este, rodeando a toda la población. El acceso a la villa se realizaba por una puerta
defendida por una ancha torre de piedra de origen
almohade y dispuesta en codo para dificultar el acceso de enemigos.
Está fabricada con mampostería regular y ladrillo
rojo en las dovelas, al igual que una pequeña ventana de la
fachada. Los arcos apuntados indican que la puerta se
construyó entre los siglos XIV y XV. A la azotea se asciende
por una escalera interior que está dotada con un paramento
corrido en el que se aprecian ventanas saeteras. El Castillo de Bujalamé se encuentra cerca de la aldea de Los Llanos de Arriba, sobre un cerro circular de más de 600 m de altura, desde donde se divisa el río Guadalimar, levantado sobre un oppidum ibérico del siglo VI a.C. que incrementó considerablemente su importancia, su perímetro y su población en los siglos V y IV a.C. ya que por allí, siguiendo la vía del Guadalimar, pasaban los minerales procedentes de Cástulo.
El Castillo de la Espinareda en el término municipal de Segura de La Sierra, se ubica en un promontorio adosado a los montes de la Cuerda de Beas pero mantiene una posición estratégica tanto por el dominio de todo el valle que se abre a sus pies como por la conexión visual con el castillo de Segura de la Sierra. Consta de una torre del homenaje y un recinto amurallado, observándose en sus inmediaciones restos del antiguo poblado medieval. En en el municipio de Hornos de Segura se encuentra el Castillo de Bujaraiza, de gran
valor emblemático por su ubicación en un
emplazamiento de gran atractivo paisajístico. Sus restos se
encuentran en en el valle del Río Guadalquivir y dentro del
embalse del Tranco donde ocupa una pequeña
elevación que lo aísla cuando el agua embalsada
alcanza cotas altas. También en el municipio de Siles, y sobre un afloramiento rocoso, se encuentra el Castillo de Puente Honda, en la ladera oeste del monte de Bucentaina, dominando la confluencia de los arroyos de La Hueta y Puente Honda, tributarios del río Morles. El castillo, probablemente de autoría cristiana, es más bien un puesto de vigilancia o atalaya que controla el paso por el río Morles. Villarrodrigo, que originariamente se llamaba Albaladejuelo de la Sierra, cambió de nombre cuando lo conquistó el maestre Don Rodrigo Manrique. En la plaza del pueblo se encuentra un extraordinario torreón de fabricación cristiana, datado entre finales del siglo XIV y principios del XV. El torreón de Villarrodrigo despierta un gran interés no sólo por la tipología arquitectónica sino también por la escenografía urbana medieval que reproduce. La Torre del Homenaje se alza en la población de Torres de Albánchez. Son los restos de un pequeño castillo sobre un promontorio rocoso, remodelado en el siglo XV para hacer frente a los efectos de la artillería. De aquel castillo urbano se conserva su imponente torre del Homenaje, de casi 12 m de altura.
Ubicadas sobre un pequeño escarpe que domina el valle del arroyo Peñolite, en las inmediaciones de la aldea del mismo nombre, se encuentran las Torres de Peñolite. Es una obra musulmana de época almohade, con una disposición y dimensiones muy similares a las de Santa Catalina. La Torre de Valdemarín, también llamada Castillo de Valdemarín, se localiza en la cortijada de La Torre, en el paraje conocido como Los Valdemarines, dentro del municipio de Orcera. Servía tanto para el control como para el refugio de la zona del valle. Presenta un edificio adosado, probablemente de los siglos XVI-XVII, con una portada en arco de medio punto y una sillería muy trabajada, rematada con un reloj de sol casi oculto bajo una gruesa capa de cal. Fernando III, entre 1235 y 1239, adscribió el emplazamiento rural de Génave a la Encomienda de la Orden de Santiago de Segura de la Sierra. Posteriormente, tuvo que soportar razzias de tropas sarracenas, por lo que la población disponía de un castillo para refugiarse, levantado por los cristianos entre los siglos XIII y XIV, en sustitución del antiguo hisn árabe. De aquel castillo, enclavado en la plaza del pueblo, permanece su torre del Homenaje, conocida como el Torreón de la Tercia, de impresionante estructura cúbica. También el municipio de Génave, se localiza la Torre del Zarracotín o de La Laguna, sobre un afloramiento rocoso que domina buena parte del terreno circundante, con funciones de atalaya y control de los campos que la rodean en momentos de frecuentes hostilidades. La Muralla Urbana de Siles se encuentra en la localidad de Siles. Su castillo árabe fue remodelado en el siglo XIV por los caballeros santiaguistas que mantuvieron su planta cuadrada pero lo fortalecieron, en tres de sus ángulos, con torreones circulares o cubos rodeados por una muralla con aljibe en su exterior, mientras que el cuarto ángulo lo reservaron para la construcción de un pequeño alcázar con dos torreones. A finales del siglo XIV, según cuentan las crónicas, sus vecinos levantaron una cerca rectangular de murallas, de trazado regular, defendidas por tres torreones lo que le valió que, en 1397, el maestre D. Lorenzo Suárez de Figueroa le concediese la autonomía y el título de villa.
ETAPA CRISTIANA
Las Ordenanzas las componen setenta y dos capítulos basados en el fuero de Cuenca, pero ampliadas y adaptadas a las necesidades de la zona. Regulan todas las actividades laborales, económicas y jurídicas, además de dar a conocer cómo era la vida de los vecinos de la Sierra de Segura, a qué se dedicaban, cuáles eran sus fuentes de ingresos, sus costumbres, etc. Por ellas conocemos en primer lugar todo lo referente a los caballeros de sierra, las normas que se aplicaban a los forasteros que vinieran a sacar beneficio en el término de Segura; de la regulación del aprovechamiento de las tierras, de los fuegos prendidos en labores, de la corta de árboles y de la distribución comunal de su madera a través de las sierras de agua y el control de su comercio; de la recolección de las bellotas, nueces y avellanas, de la ganadería, de las veredas, de las fuentes, de los animales, de los frutales, de la recolección de sus frutos y de la prohibición de cortarlos, de la agricultura, de la caza y de la pesca. Fueron un código completo para la protección y regularización de toda la actividad económica y social de la comarca con gran trascendencia y vigencia a lo largo de mucho tiempo. Según se refleja, se cuenta con la existencia en el año de 1575 con 12 molinos harineros, 2 de aceite y 5 batanes para la industria de la lana y el paño, pero sólo 4 o 5 personas tenían 1000 ducados. La mayoría eran labradores y criaban ganado; el resto, jornaleros que trabajaban tanto en el término de la villa como fuera de él. Mientras los vecinos vivían hacinados en casas pequeñas, propias o comunales, fabricadas con tierra y con techos de jaras y cabríos de pino, la Iglesia invertía su poder económico en obras de arte y en la construcción de edificios religiosos de buen porte que se conservan en todos los pueblos de la comarca, la mayoría construidos en esta época.
Durante la Guerra de la Independencia, los vecinos de la comarca participaron activamente contra la ocupación por las tropas francesas. Segura de la Sierra es incendiada en 1810, perdiéndose los archivos de la Encomienda de Santiago existentes en la localidad. Desde 1833 la Sierra de Segura pertenece a la provincia de Jaén. Los desajustes estructurales de este siglo, repercutieron negativamente la Sierra, lo que se tradujo en una economía de subsistencia que ha durado hasta finales del siglo XX. A principios del siglo XX, se produce una extensión progresiva de la agricultura del olivar, ocupando primero las zonas más aptas, principalmente en los valles de la mitad noroeste de la comarca. Durante el tercer cuarto de este siglo, la emigración dará lugar a la pérdida de la mitad de su población, quedando gran parte de sus aldeas abandonadas.
En la villa de Génave destaca la Iglesia Parroquial de la Inmaculada, con portada del siglo XIII, y con la Puerta Falsa, de estilo renacentista que presenta la Cruz de la Orden de Santiago. En el altar mayor se encuentra labrada en una lápida la figura de la Virgen, sobre una media luna entre dos ángeles, vestida a la usanza del reinado de Felipe II. En Hornos de Segura destaca la Iglesia Parroquial Ntra. Sra. de la Asunción que es un importante ejemplo entre el gótico y el primer renacimiento, destacando la portada, una de las primeras muestras del plateresco provincial.
La pequeña Virgen de la Peña, se encontró en Orcera, donde se edificó el Monasterio Franciscano de Nuestra Señora de la Peña y allí se veneraba la imagen, que apareció en una cueva a espaldas del lavadero.
Es recomendable visitar en Benatae la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, cuya construcción se inicia en el siglo XVI y termina en el XVIII, lo que se traduce en una mezcla de elementos de tipo de gótico levantino, renacentista y barroco, destacando el coro de madera del siglo XVI, la pila bautismal y cuya cubierta reproduce la antigua estructura de par e hilera. En Siles se encuentra la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción siendo parte de construcción gótica y otra parte del siglo XVI con bóveda de cañón. En Torres de Albánchez destaca la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Presentación con portada renacentista. En Santiago de la Espada se encuentra la Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol, que data del siglo XVI y presenta un retablo barroco del siglo XVIII.
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